Internacionales

¿Por qué la militancia revolucionaria centroamericana debe apoyar con todas sus energías el levantamiento colombiano? La revolución permanente en Colombia y Centroamérica.

Por Roberto Herrera Zúñiga

Introducción

Desde el 28 de abril Colombia ha sido sacudida por un Paro Nacional que al escribir este artículo lleva ya un mes de movilizaciones permanentes y pese a los esfuerzos del Comité Nacional (la dirección burocrática del movimiento) de levantar el paro, las movilizaciones callejeras masivas no se han detenido.

Los éxitos de este mes de movimiento son notables: las movilizaciones populares echaron abajo la reforma tributaria de Iván Duque, hicieron naufragar la reforma de salud, provocaron la caída del Ministro de Hacienda, la Canciller, el Comisionado de Paz, el Ministro de Deporte, el de Ciencia y Tecnología, el de Cultura y lograron la sanción del Ministro de Defensa.

Además Colombia perdió la sede de la Copa América1, pero lo más importante es que se ha puesto en crisis total al régimen político uribista, hoy el 76% de la población desaprueba el mandato de Duque y el 55% desaprueba el comportamiento de la policía. Estos éxitos se han ganado a sangre y fuego, pues la respuesta del gobierno, de la ESMAD y de los paramilitares ha sido brutal 43 muertos y cerca de 1400 detenciones arbitrarias. Las peores formas de violencia sexual y de violencia racista han sido usadas contra los manifestantes, pero la represión no ha quebrado la movilización de miles de jóvenes empobrecidos que son el corazón del paro nacional.

El levantamiento colombiano sin duda hace parte de un proceso global de resistencia de los pueblos y los trabajadores contra el genocidio capitalista, proceso que abarca por lo menos a Ecuador, Palestina, Estados Unidos, Colombia y Chile. Pero que sin duda es la continuidad de las movilizaciones que el 2019 ocurrieron en Colombia, Irak, Hong Kong, Sudán, etc. movilizaciones que fueron solo parcialmente interrumpidas por la pandemia. Hoy reaparecen con nueva radicalidad.

Cada uno de estos procesos ha aportado algún nivel de enseñanza al levantamiento colombiano. Las primeras líneas, son sin duda una “adaptación” de la lucha chilena, la acción directa del diciembre ecuatoriano fue una inspiración para el levantamiento colombiano, el respeto en la vanguardia por la Minga Indígena, es sin duda parte de la lucha de los pueblos originarios que en Bolivia, Ecuador y Chile han enfrentado el saqueo y el racismo.

El levantamiento negro por el asesinato de George Floyd, fue también un punto de inspiración en los inicios del levantamiento colombiano.

Desde este ángulo internacionalista, el presente artículo busca contribuir al debate sobre la importancia que tiene para el movimiento popular y los socialistas centroamericanos, el levantamiento colombiano y cómo podríamos desarrollar un análisis y un programa de conjunto para los revolucionarios del área, es decir cómo se manifiesta el carácter permanente de la revolución social en Colombia y Centroamérica

1) Sobre un aspecto teórico-histórico

Las fronteras nacionales en Colombia, Centroamérica y México, son fronteras directamente construidas y sostenidas sobre la base de la intervención imperialista estadounidense y sobre la base de los intereses de los sectores más reaccionarios de las burguesías locales colombianas y mexicanas.

Pese a ser considerados “mesoamericanos” en realidad Centroamérica es zona de intersección entre las influencias que vienen de México e influencias que vienen de Colombia, la colonización española fue el primer paso de la construcción de fronteras nacionales artificiales, Colombia es el producto del triunfo del sector más reaccionario de los independentisas criollos, la derrota del proyecto de la “Gran Colombia” fue un reforzamiento del imperialismo inglés y de los sectores más  reaccionarios de las oligarquías locales1.

Así mismo la burguesía mexicana, aprovechando el desplome del imperio colonial español tomó como suyas Chiapas, Soconusco y Verapaz1. El imperialismo inglés siempre tuvo una notable influencia en Belice y en todo el caribe centroamericano (La Ceiba, Roatán, Bluefields, Limón, Colón, etc.). Al transformarse en el imperialismo dominante de la zona, el imperialismo estadounidense reforzó las cadenas de la “balcanización”, fabricó Panamá para construir el Canal en 1903, después de la Guerra de Coto entre Costa Rica y Panamá en 1921 y con el intento unionista guatemalteco de 1921, el Departamento de Estado yanqui forzó un comportamiento de los ejércitos centroamericanos, donde servirían exclusivamente como “fuerzas de ocupación interna”.

La revolución centroamericana, ha sido un permanente intento de reunificar sobre bases socialistas un itsmo artificialmente dividido, pero nuestra opinión es que la revolución permanente no se detendría en este nivel centroamericano, sino que debemos pensar también como se entrelazan las transformaciones revolucionarias locales con las revoluciones colombianas y mexicana.

En 1994 durante el levantamiento zapatista existió la posibilidad de discutir cómo se entrelazaban las revoluciones Centroamérica y mexicana pero la crisis general que sacudía a la izquierda y a las fuerzas marxistas no permitió este debate. Hoy el levantamiento colombiano nos da una nueva oportunidad para pensar el problema de las relaciones entre la revolución centroamericana y colombiana.

2) En realidad es la misma burguesía

Lo primero que podemos señalar es que el pueblo colombiano y el pueblo centroamericano, tienen el mismo enemigo la dominación imperialista, pero el dato es que en realidad el capitalismo centroamericano contiene una parte de la burguesía colombiana que se ha expandido hacia la región.

Algunos datos para pensar, señala la revista Forbes (26/02/2020) a apropósito de la expansión de la burguesía colombiana hacia el Centroamérica: “De 2013 a 2018, la inversión extranjera directa (ied) desde el país[Colombia] hacia las naciones del Istmo sumó 7,060 millones de dólares (mdd), en tanto que en el primer semestre de 2019 superó los 330 mdd, (…) Las operaciones en los países centroamericanos se concentran en sectores como el financiero, construcción, turismo, retail, transporte, energético, manufacturero, alimenticio, textil y químico.

El mismo texto señala lo siguiente sobre el capital financiero y bancario: “En menos de una década, los bancos colombianos se convirtieron en un jugador importante en el sistema financiero centroamericano. Mientras que, en 2006, el total de empresas subordinadas de los conglomerados financieros era de 29, en 2012 ya sumaban 163, de las cuales 103 estaban localizadas en Panamá, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua,

Este incremento se explica por las adquisiciones de los activos de Banca Agrícola por Bancolombia, de BAC Credomatic por el Banco de Bogotá, de HSBC en América Central y el Caribe por Davivienda y del Grupo ING por Sudamericana en diferentes jurisdicciones de Latinoamérica. Para lograr esta expansión, el sistema financiero colombiano invirtió cerca de 8,200 mdd entre 2007 y 2012, señala el documento.

Es decir, mucho del capital bancario, que es el “corazón” del capitalismo en Centroamérica es parte del sistema bancario colombiano.

Habría que agregar los datos que presenta el CINDE-Costa Rica, datos que nos permitiría interpretar que la burguesía colombiana es parte integrante de nuestra propia burguesía: “La Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE) también recalca la presencia colombiana en el país y estima que los sudamericanos concentran el 33% de la producción y ventas de pinturas, el 15% del crédito bancario tico y la quinta parte de los grandes supermercados del país. En la última década, 70 empresas colombianas se han establecido en Costa Rica.

Estos son solo los referentes en el terreno de la economía formal, pero también la influencia de la burguesía colombiana en la región, es la influencia en la “economía sumergida”. Se sabe que Colombia produce el 70% de la cocaína del mundo, eso significa que: “que 3% del PIB [colombiano ] correspondería al narcotráfico y negocios asociados, cerca de $29,2 billones”.

Es decir el régimen colombiano, es un régimen bonapartista que tiende a apoyarse en los paramilitares, pero es también un régimen donde una fracción de su élite económica es narcotraficante o se enriquece a costas del narcotráfico. Pero el negocio del narcotráfico es un negocio transnacional que necesita de una importante cuota de poder militar y político para funcionar en ese sentido es conocido el papel del hondureño Juan Orlando Hernández y también de los costarricenses Gustavo Viales, secretario general del PLN y Oscar Cascante del PUSC, todos ellos acusados de presuntamente estar implicados con grupos narcotraficantes.

Es decir el ascenso colombiano enfrenta a un sector de la burguesía colombiana que es narcotraficante y que tiene raíces, negocios y agentes políticos en toda Centroamérica[1].

3) Conservadoras, militares y policías

Un aspecto central de entrelazamiento del levantamiento colombiano y las luchas en Centroamérica es el desmonte del dispositivo militar que tienen las burguesías y el imperialismo tienen para enfrentar los ascensos populares, cuando fracasan las políticas de reacción democrática.

Desde la aplicación/aprobación del “Plan Colombia” (1999) los Estados Unidos han transformado a Colombia en un búnker militar, entre 2001-2016 los Estados Unidos han invertido 10 000 millones dólares en seguridad y armamento, después de Israel, Colombia es el país que más ayuda militar recibe de Estados Unidos. Las operaciones de la Cuarta Flota y del Comando Sur están asentadas en Colombia y desde allí coordinan y despliegan sus acciones de patrullaje conjunto hacia toda el área.

El entrenamiento de los cuerpos militares y policiales en Centroamérica son garantizados por la Mossad y por la Esmad. La crisis interna de las FFAA colombianas puede significar un debilitamiento de las fuerzas armadas y policiales de nuestra propia región. Hay otros aspectos ligados a la lucha de clases que vale la pena discutir: ¿Los métodos paramilitares que usa la burguesía colombiana podrían ser trasladados a Centroamérica? El sindicato de la construcción panameño SUNTRACS ha denunciado en varias ocasiones que ha sido el paramilitarismo colombiano quienes les ha asesinado dirigentes en distintas obras.

Colombia también ha sido uno de los centros de despliegue y operación del fundamentalismo político-evangélico, es sabido que donde estas corrientes han sido más exitosas son: Brasil, Colombia y Bolivia donde gobernaron, pero también en Costa Rica y Perú donde fueron segunda fuerza electoral. Estas fuerzas actúan como si fueran una “internacional conservadora”.

Actualmente la crisis que viven Duque y Bolsonaro, así como el fracaso del “Grupo de Lima” parecen indicar que el nuevo centro conservador de América Latina se desplazará a Ecuador2

4) Nuestro propio movimiento de masas

La radicalización de las crisis migratorias en los países del Tercer Mundo, el desplazamiento por guerras, violencia social, cambios climáticos, saqueo material ha hecho que los movimientos de masas de todo el mundo sean mucho más multinacionales.

En Costa Rica hay una extensa comunidad colombiana de 21 000 personas, que huyeron sobre todo de la violencia social y que participa del movimiento sindical, cultural, de mujeres, estudiantil y hace parte activa de nuestro propio movimiento de masas.

Creemos que justamente por esto un triunfo del levantamiento colombiano, sería también un triunfo directo para nuestro propio movimiento de masas.

[1] La influencia de la burguesía narcotraficante no es solo las ganancias del negocio mismo, 
sino las riquezas que vienen del lavado de dinero, Según Global Financial Integrity, antes que
 se diera el boom de inversiones colombianas, ya la presencia del lavado de dinero era notable
 en Costa Rica: “Entre 2004 y 2013 se reportaron $113 mil millones en transacciones ilegales, 
con un aumento del 300% entre el primer año y el último. En ese periodo, el país perdió por 
falsa facturación comercial el equivalente a un 32,9% de su PIB”.