Socialismo Hoy - Periódico Oficial del Partido de la Clase Trabajadora
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10 años de la muerte de Berta Cáceres. Su valor político

Por Roberto Herrera Zúñiga – Más allá del cariño y aprecio personal que tenía por Berta, quisiera desarrollar lo que considero son las principales lecciones de su vida y trayectoria política.

Berta Cáceres inició su vida política muy temprano, siendo una adolescente. Berta participó en la “Ofensiva hasta el tope” en 1989, en labores de solidaridad. Una joven lenca hondureña participando del levantamiento salvadoreño trae a la memoria lo mejor de las tradiciones revolucionarias centroamericanas: la idea de que, para nosotros y nosotras, las fronteras nacionales no existen. Todos los grandes proyectos revolucionarios centroamericanos —el levantamiento de 1932, el ejército de Sandino, la Columna Liniera, la revolución en los años ochenta— fueron siempre proyectos multinacionales, en realidad proyectos nacionales de una nación que fue desmembrada, pero que merece existir: la patria centroamericana. Hoy más que nunca nos urge recuperar esa tradición centroamericanista.

En 1992-1993, en el marco de la celebración del genocidio que los Estados nacionales organizaron por el inicio de la colonización, hubo una reaparición de la energía política de las nacionalidades oprimidas por los Estados oligárquico-nacionales. El hecho político más importante fue el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que catalizó la energía de los pueblos de filiación maya (tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales y mames). Berta Cáceres fue una de las cabezas visibles del resurgimiento de la resistencia lenca. En estas luchas de finales de siglo se forja el actual Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). Es una lucha que denuncia la colonización permanente, el saqueo, el despojo y el olvido de los pueblos originarios, pero es también una lucha por el resurgimiento nacional del pueblo lenca, con sus tradiciones, costumbres, espiritualidades y formas de autogobierno.

El COPINH, junto con un variado grupo de organizaciones populares (la Asamblea Popular Permanente de El Progreso, el Bloque Popular, CNTC, OFRANEH, etc.), estuvo al frente de un largo proceso de ascenso popular entre 2002-2006 que dio nacimiento a la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular. Este proceso de lucha, que combinó las luchas nacionales locales con los Foros Mesoamericanos (versión local de los Foros Sociales Mundiales del movimiento antiglobalización), fue un momento de gran aprendizaje político, pues logró mostrar que se podía construir un movimiento popular nacional, con arraigo local, con un programa y un plan de lucha unitario y con métodos de movilización permanente y unitaria, pero también con métodos democráticos de conducción y participación. Esta experiencia política permitió mostrar que el movimiento popular puede ir más allá del caudillismo sindical, la fragmentación y los intereses corporativos. Fueron también estos los años en que conocí a Berta y en que, como a muchos y muchas, me ganó el corazón.

En 2009, Berta Cáceres, Carlos Amaya y Carlos H. Reyes pusieron en pie una candidatura independiente y popular que, en algún sentido, era la expresión política de la rica lucha de clases del período 2002-2006: un esfuerzo, tal vez el más avanzado que ha habido en Honduras, de construir la independencia política de clase. El movimiento popular hondureño, pese a su combatividad y valentía, tiene el problema que tienen la mayoría de movimientos populares: que su dirección política es una dirección burguesa o con simpatía hacia los partidos burgueses. En el caso hondureño, durante mucho tiempo la clase obrera fue o liberal o nacionalista. En 2009 se abría una pequeña pero importante brecha en la educación política de clase.

Asimismo, esta misma candidatura, cuando vino el golpe de Estado de 2009, supo retirarse de las elecciones que querían ser un “lavado de cara de la dictadura”, un procedimiento construido por el Departamento de Estado yanqui y la oligarquía local. Aquí, siempre, la claridad política: ni sindicalismo corporativo, ni localismo, ni electoralismo a toda costa, siempre buscar la movilización popular independiente.

Berta fue una de las dirigentes mujeres más importantes que ha tenido Centroamérica. Su lucha contra el patriarcado, contra el machismo violentísimo que hay en Honduras, su testimonio como dirigente son sin duda un ejemplo para las mujeres en general y para las mujeres de los sectores populares en particular, pero yo quería señalar como ella nunca pudo ser engañada por las políticas del “feminismo imperialista”, que se puso de moda como ideología para justificar las agresiones imperialistas a Afganistán e Irak y que se está usando nuevamente en la guerra contra Irán. Berta Cáceres supo bien qué significaba el “feminismo” de Hillary Clinton. Fue Berta Cáceres una de las primeras en denunciar cómo Hillary Clinton, en su libro Hard Choices, explica y acepta su rol como arquitecta del golpe de Estado de 2009 y su posterior blanqueamiento. Para Berta Cáceres siempre estuvo claro que el imperialismo, no importa cómo se vista y se presente, es siempre un enemigo de los pueblos de la tierra y, especialmente, de las mujeres de los sectores populares.

La lucha del COPINH y de Berta en contra de los proyectos de muerte, que querían destruir el río Gualcarque y la vida que surge de él, en función de garantizar las ganancias de las grandes empresas  hidroeléctricas, se ha vuelto su lucha más famosa, aunque sabemos que sus luchas fueron muchas y no se podría entender la lucha de Berta Cáceres bajo la etiqueta estrecha de “ambientalista”. Siendo Berta una de las ecologistas más importantes que ha tenido Centroamérica, su pensamiento y práctica política eran mucho más: era también una crítica del imperialismo, del colonialismo, del capitalismo, del patriarcado, de las prácticas burocráticas de la izquierda y del pacifismo de clase media.

En la larga lucha contra Sinohydro, Berta Cáceres y el COPINH mostraron el entramado político y económico que apoya estos proyectos de muerte: los organismos financieros internacionales, los bancos finlandeses y holandeses, la banca privada local, la familia Atala, el ejército, los grupos paramilitares y parapoliciales.

Esta resistencia contra un proyecto global de muerte implicó el más variado repertorio de métodos de lucha, legales y extralegales, mostrando la agudeza del pensamiento político que no se detiene frente a las ideologías jurídicas.

En las últimas declaraciones públicas de Berta Cáceres, antes de que los paramilitares nos robaran su sonrisa y su lucidez, hubo una declaración de apoyo a la lucha de los campesinos nicaragüenses en contra del Canal Interoceánico que impulsaba Daniel Ortega. Esto fue en el año 2016, cuando todavía el FSLN era presentado como un “gobierno de izquierda”. Aquí mismo en Costa Rica, sectores del Frente Amplio apoyaron ese proyecto de la dictadura de Ortega y del capitalismo chino. Berta no pudo ver el levantamiento popular de 2018; sin embargo, no dudo que lo hubiera apoyado, así como apoyó la lucha campesina en 2016. El chantaje impuesto de que no se puede criticar una dirección política por miedo a “hacerle juego a la derecha” fue algo que Berta siempre rechazó. Siempre entendió la idea marxista de juzgar a las organizaciones políticas por sus actos, no por sus palabras.


* Intervención en el marco de la conmemoración de los 10 años de la siembre de Berta Cáceres, organizada por el Departamento Ecuménico de Investigaciones.

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