Movimiento Mujeres

Campeonato femenino sub-20 muestra desigualdades en el mundo del fútbol

El campeonato mundial de fútbol femenino categoría sub-20 celebrado en Costa Rica fue un evento sin duda importante para el desarrollo de la disciplina. Fue un mes de competencia en donde cada selección intentó mostrar sus mejores recursos futbolísticos para el deleite de los espectadores, quienes tuvieron la oportunidad de vibrar con este espectáculo de alto calibre.

Entre los puntos destacados fue el despliegue de las selecciones de Brasil, Japón o Estado Español. El combinado europeo resultó ganador del certamen e impresionó no solo por su derroche técnico, sino también por su juego veloz y fortaleza física, acorde con las tendencias del futbol moderno.

En el caso de Costa Rica, su participación fue muy importante, más allá de los resultados. Hay que recordar que nos encontramos en el llamado “grupo de la muerte”, junto con Brasil, Australia y España. El esfuerzo mostrado por las muchachas durante la difícil fase de grupos y el hecho de haber tenido este roce internacional, muestra que el futuro del futbol femenino es promisorio.

Resulta fundamental, como parte del análisis del torneo, abordar un tema relevante no solo para este torneo concreto, sino para el deporte en general:  las enormes diferencias entre hombres y mujeres.

En el Estado Español, por ejemplo, el jugador Ansu Fati, de 19 años, recibe un salario anual de 3 millones de euros. Él y sus compañeros del Barcelona reciben enormes contratos de patrocinio, autos de lujo y muchos otros privilegios.

Ariadna Mingueza, figura de la selección española en el mundial sub-20, perteneciente al mismo club, no goza de la misma suerte.  En ese país se firmó un convenio colectivo en el cual las mujeres de primera división tienen garantizado un sueldo de 16.000 euros anuales brutos, mientras que el de los hombres es de 77.500 euros en segunda división.

En el caso de Costa Rica la realidad es aún más dura. Además de la desigualdad salarial, otro gran problema es la falta de profesionalización, o sea, muchas futbolistas de primera división no pueden dedicarse 100% al futbol.

La copa del mundo sub-20 sin duda fue una fiesta futbolística que gozaron los aficionados del deporte en el país y que abona al crecimiento de las divisiones menores. Pero también plantea reflexión sobre cómo funcionan desigualdades entre hombres y mujeres por el capitalismo y la importancia de la lucha contra toda forma de opresión.