COVID-19 Nacionales

Comparecencia de ministro Salas muestra sumisión del país al acaparamiento imperialista de las vacunas

El ministro de salud Daniel Salas compareció ante los diputados para referirse al proceso de vacunación contra el COVID-19. En dicho espacio el jerarca dejó entrever que están a merced de las grandes farmacéuticas, por lo cual no podrán acelerar el ritmo en aras de alcanzar la inmunidad de rebaño.

Según su criterio, no se pueden adquirir diferentes tipos de vacunas porque, al darle prioridad a Pfizer y Astra Zéneca, otras compañías como Johnson & Johnson y Moderna tienen comprometida su producción para este año para los países imperialistas.

Por otro lado, expresó su respaldo a los mecanismos contractuales de vacunas como en el caso de la Pfizer, y señaló que no puede dar a conocer la inversión total destinada a esta compañía debido a que existe un acuerdo de confidencialidad. Esto, sin duda, muestra una vez más que quien manda en este campo son las grandes transnacionales que lucran sin importarle las muertes por la pandemia.

Salas defendió a ultranza el manejo del gobierno sobre la pandemia, alegando que debe haber un balance entre la economía y la salud, de ahí que justificara la política de apertura total y se haya limitado a algunas cuantas medidas de restricción del transporte y al llamado a la responsabilidad individual.

Ministro Salas, lacayo al servicio del apartheid de las vacunas

El ministro de Salud y otros funcionarios como el presidente de la Comisión de Emergencias o el de la CCSS gozan de una frecuente exposición pública y de cierta simpatía entre la población. De nuestra parte, como PT, desde el inicio de la pandemia hemos dicho que no debemos depositar ninguna confianza en ellos.

El gobierno de Alvarado mostró una postura complaciente con el gran empresariado de defender sus ganancias por encima de la vida y la salud de la clase trabajadora. Prueba de ello es que las grandes empresas siguieron funcionando y más bien han aumentado sus ganancias, como se vio con muchas de las que se encuentran adscritas al régimen de zonas francas.

Por otro lado, al pueblo le corresponde cargar con los costos de la crisis, tanto sanitaria como económica. No se garantizan las medidas en muchos centros de trabajo, los autobuses públicos van llenos y además la ayuda social del bono proteger resulta insuficiente. Por si esto fuera poco se le dio vía libre a las grandes empresas para realizar despidos y reducciones de salario.

El sector público no la pasa mejor debido a que se congelaron los salarios y las anualidades, entre otras conquistas. Como hemos visto, quienes ponen los muertos son los trabajadores y, gracias a las medidas económicas impulsadas por el gobierno, se dieron cifras récord de desempleo durante la pandemia.

Este 2021 ha estado marcado por un alto pico de contagios y también buena parte de la coyuntura giró en torno al proceso de vacunación. Más allá de que esa comparecencia fuera un show mediático donde los diputados no preguntaron cuestiones clave, el ministro Salas quedó en evidencia ante la clase trabajadora como un funcionario sometido a la política de “apartheid” de vacunas.

Cuando hablamos de apartheid, más allá a la alusión al régimen racista llevado a cabo en Sudáfrica durante el siglo XX, nos referimos a que, en la lógica imperialista, las grandes potencias disponen y acaparan la mayor cantidad de vacunas; son estos gobiernos, en alianza con las grandes farmacéuticas quienes, se apropian de un conocimiento científico público para su beneficio económico.

Estas mismas empresas farmacéuticas han recibido miles de millones de dólares en dinero público para desarrollar la investigación y adueñarse exclusivamente de las patentes, lo que hace que países como Brasil o India no puedan tener vacunas suficientes, pese a tener toda la capacidad de producción.

Justamente esta capacidad productiva, en combinación con el acelerado desarrollo de la ciencia, hubiera garantizado vacunas a toda la población mundial. Sin embargo, se ha dado lo contrario: un apartheid, una segregación, una división entre los países ricos, que tienen todas las vacunas disponibles, y los países pobres, que deben esperar a cuando estas grandes potencias quieran mandar sus migajas. Esta es una lógica criminal, causante de millones de contagios y muertes principalmente en países pobres; el apartheid de las vacunas muestra el genocidio producto de la barbarie capitalista que privilegia ante todo el lucro de las grandes farmacéuticas.

La postura de Salas es de absoluta complicidad con la lógica del apartheid y acaparamiento de vacunas. Él y el gobierno Alvarado se presentan como lo que son, lacayos al servicio de Pzifer, Astra Zéneca y el imperialismo estadounidense. En ningún momento vamos a escucharlos defender la liberación de las patentes, o exigir más vacunas al imperialismo porque sería trascender la voluntad de las mega compañías quienes lucran con jugosos contratos adquiridos en el país.

Mientras tanto, la clase trabajadora sigue expuesta a los contagios, muertes y empobrecida con las políticas económicas de total apertura y fomento a los despidos que benefician al gran capital. Salas, Macaya, Alexander Solís son parte de un gobierno títere, completamente sometido a los dictados de las farmacéuticas y los gobiernos imperialistas en su política de acaparamiento de vacunas. De ninguna manera son aliados del pueblo y no vamos a dejar de denunciar su accionar cómplice con el genocidio capitalista.