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Costo de vida: el capitalismo ahoga a la clase trabajadora

El incremento en el costo de la vida ha sido el principal problema que enfrenta la clase trabajadora durante todo el 2022. El país alcanzó una cifra récord de 12% interanual: esto quiere decir que entre el año 2021 y 2022 el costo de los alimentos, de determinados bienes y servicios aumentaron como hace mucho no lo veíamos.

Esto se combina con una política, en el sector privado, de aumentos salariales que no compensan para nada el costo de vida, mientras que en el sector público están congelados los sueldos desde la pandemia y todo indica que eso continúe durante muchos años más.

Rodrigo Chaves prometió acabar con el costo de la vida, pero en estos ya seis meses de gobierno no podemos mencionar una sola medida que haya aplicado para atacar sustancialmente este problema. Es más, podríamos decir que, al no aplicar una política de congelamiento de precios, su política ha sido garantizar las ganancias de las grandes empresas productoras de alimentos, así como de los grandes empresarios del transporte.

En este como en otros aspectos se ha visto que Chaves gobierna para los ricos. Más allá de los discursos, sus políticas son para que las fortunas de sus amigos los grandes empresarios no se toquen, mientras que el pueblo trabajador se hunde en una crisis por costo de vida, que se expresa en un aumento de la pobreza, la informalidad y el desempleo.

Pero ¿Cómo ha impactado de manera concreta el nivel de vida de la clase asalariada, aquella explotada centros de trabajo, en el sector privado o en el campo? Este artículo cede la palabra a quienes sufren día a día esas penurias, a quienes tienen el salario congelado, a quienes no pueden llegar a fin de mes. Abrimos el espacio a esas voces empujadas por el capitalismo a un deterioro de sus condiciones de vida.

Trabajadora del sector privado: “con menos del salario mínimo no se puede sobrevivir”

Olga Brenes trabaja en el sector privado, donde existe una dictadura patronal que mantiene bajos salarios, condiciones de explotación y está prácticamente prohibido crear sindicatos. Ganando menos del salario mínimo debe hacer frente al alza en el costo de la vida, reconoce que ha tenido que hacer fuertes sacrificios.

“Yo trabajo en el sector privado, en la empresa de servicios de limpieza SELIME y debo decir que nos ha golpeado esta inflación. Yo gano menos del mínimo, lo que recibo son 132 mil a la quincena. Ese salario lo tengo que rendir para pagar agua, luz, recibo telefónico, alquiler; es mentira que con ese salario tan bajo uno vive. Desde que todo subió ya no puedo pagar el pasaje de bus. En la mañana tengo que caminar como 4 kilómetros para llegar al trabajo y en la tarde igual”, manifestó la trabajadora.

Para ella la situación ha llegado a este punto insostenible, pero recuerda que incluso antes de que se disparara el costo de la vida, las condiciones de trabajo en el sector privado son muy difíciles. No solo es recibir menos del mínimo de ley, sino también jornadas extenuantes de más de 8 horas, no pago de horas extra y atrasos salariales. Además, la caída de sus ingresos producto de la inflación produce efectos en su salud, al variar la manera en que se alimenta.

“Yo antes iba a la feria, pero ya no puedo.  Ahora solo me la juego con arroz, frijoles, espagueti, un paquete de embutidos, así es que reemplazo la carne que tampoco puedo comprar. Solo puedo costear una caja de leche a la quincena. Uno trata de comer un poco mejor, tratar de llevar al trabajo algo balanceado, pero definitivamente es casi imposible. He sabido de compañeros que solo hacen dos tiempos de comida, desayuno y almuerzo, en la cena no tienen nada”.

Para Brenes, el ajuste salarial en el sector privado es muy pequeño y no logra cubrir la inflación. Por eso considera que el gobierno tiene la culpa de lo que está pasando porque está dejando a la clase trabajadora hundida aún más en la pobreza.

“Es una brutalidad lo que nos está haciendo este gobierno y sus amigos los empresarios, el atropello hacia la clase trabajadora. A nosotros nos hicieron un aumento de 3600 colones al mes y eso no equivale ni tan siquiera a pagar los pasajes. Fue un aumento muy bajo, una burla, que no representa nada”, expresó Olga Brenes.

 ¿Cómo golpea la inflación en el sector público?

Greivis González es profesor de Ciencias de la Unidad Pedagógica José Fidel Tristán en San José. Como empleado público tiene el salario y las anualidades congeladas desde la pandemia, políticas que seguirán así por tiempo indefinido. Esto representa un duro golpe a su economía ahora con el alza de la inflación.

“En los medios de comunicación burgueses se ha transmitido la idea que tenemos privilegios, pero no es así. Lo que hoy estamos viviendo con el costo de la vida es muy alarmante. Yo, por ejemplo, debido a que aumentó el precio de los artículos de la alimentación, productos para la limpieza de la casa y el aseo personal he tenido que reorganizar y bajar la cantidad de productos que compraba”.

Ahora que la inflación alcanza cifras históricas, el impacto del congelamiento salarial se siente en el peso cada vez mayor que tienen las deudas en sus finanzas personales. “Imagínese que con lo de la ley de usura me llega un poquito más, pero eso implica que hay algunas deudas que no se están pagando. Pero si de porcentajes hablamos, puede ser que un 85% se me va en pagos de préstamos. En mi caso que no tengo casa propia y he querido aplicar para un préstamo de vivienda, con el salario que tengo actualmente no califico en ninguna categoría”.

Las perspectivas de los trabajadores de la educación, como de los empleados púbicos en general, es una pérdida del poder adquisitivo. Con los ataques que ha recibido el sector (problemas de pago, congelamiento salarial, plan fiscal o ley de empleo público) se trata de nivelar a la baja las condiciones de vida del sector público con el privado, que vive en condiciones de explotación como lo vimos en el caso de Olga Brenes.

Para el profesor Greivis González, lamentablemente las dirigencias de las organizaciones sindicales del sector público han fallado en la defensa de sus derechos. Hasta el día de hoy no ha habido ningún intento de organizar alguna acción de lucha por parte de las organizaciones magisteriales, que prefieren sentarse a negociar entre cuatro paredes con el gobierno. Mientras esto sucede, las condiciones de vida de los trabajadores públicos empeora cada vez más.

“Hay que tomar en cuenta las políticas contra el sector y desórdenes salariales que ha habido; con el salario congelado, por ejemplo, la posibilidad de ahorrar es muy poca. Entonces cuando no te pagan es un caos porque no hay de donde agarrar para pagar las necesidades básicas”, afirmó Greivis González.

Pobreza y costo de vida tienen rostro de mujer

Lidieth Rojas es jefa de hogar y campesina en el cantón de Los Chiles de Alajuela. En la zona norte, el costo de la vida golpea de manera más intensa los bolsillos de las personas trabajadoras, ya que la pobreza y la informalidad es todavía más fuerte.  “Yo me dedicaba a lo propio y a mí la pandemia me quebró. O sea, desde antes de que el costo de la vida subiera, ya la estaba pasando mal, como muchas mujeres trabajadoras”.

Lidieth, aunque en este momento no se dedica a la agricultura, sí conoce de primera mano las penurias que se viven en el campo, como parte de la experiencia de organización de la Alianza Campesina del Norte.

“Imagínese usted que el año pasado el saco de abono de 44 kilos costaba ₡22.000 y ya este año subió a ₡48.700; un fungicida que antes valía ₡18.000 ahora cuesta ₡40.000. Para la gente que cría animales como pollos o cerdos, que se da mucho en el campo también, el aumento en el costo del maíz les pegó muy duro, subió de 749 a 1600 colones el kilo. Por esto hay pérdidas y con suerte logran salir “tablas” con las cosechas e instituciones como INDER brillan por su ausencia”.

Luego de que fuera duramente perseguida por luchar por el derecho a tierra, tuvo que buscar un trabajo. “Eso duró poco, era en una empresa de seguridad con muy malas condiciones. Ahora me encuentro desempleada, es muy duro porque yo tengo que hacerme cargo de mis dos hijos. Ahora no sé cómo vamos a hacer, cómo pagar la luz, el internet, ya no puedo. Hace poco me dijeron que no me llegó la beca a mí como estudiante ni la de mis dos hijos.”.

En la zona norte, el desempleo golpea a casi 20 mil personas, y con mayor impacto a las mujeres. A nivel nacional, de las 325 mil personas sin empleo, 176 mil son mujeres. Para Lidieth Rojas, la crisis del país que viene de la pandemia y que empeora con la inflación, tiene rostro de mujer.

“Entonces, como mujer trabajadora y campesina, puedo decir que, con el aumento del costo de la vida, nosotras sufrimos más. Tras de que tenemos que trabajar en las labores del hogar sin recibir pago alguno, nos recortan las becas, no hay opciones de empleo digno. Nuestro futuro como mujeres es incierto bajo este sistema capitalista”.

Un programa para enfrentar el costo de vida

Necesitamos un plan desde los sectores populares para enfrentar esta dramática situación que como ellos y ellas viven miles de trabajadores en todo el país. Como pudimos ver, la situación ya es insostenible no solo por costo de vida, sino por el creciente desempleo, pobreza y aumento de la informalidad. En estos primeros meses, ya vimos de qué lado está el gobierno de Rodrigo Chaves: a favor de proteger las ganancias de los grandes empresarios y de atacar al pueblo pobre.

Ante ello, desde el Partido de los Trabajadores venimos insistiendo en levantar un programa de ruptura con el imperialismo y sus ataques. Un programa que ponga en primer lugar la necesidad de aumentos salariales cada vez que aumente la inflación para que así no haya pérdida de nuestros ingresos. En segundo lugar, es necesaria una política de control de precios para que no aumenten los productos de la canasta básica y una reforma agraria para expropiar los grandes terrenos que hoy están dedicados al monocultivo y se repartan entre los campesinos para garantizar producción de alimentos.

Para lograr este plan requerimos la unidad de toda la clase trabajadora con sus organizaciones, del sector público, privado, de los sectores campesinos, para luchar contra este gobierno y sus amigos los empresarios quienes siguen golpeando al pueblo trabajadora. Con base en la independencia de clase, con verdaderos aliados podemos construir este plan obrero y popular contra el costo de la vida y la misera capitalista.