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¿Cuál izquierda necesita el país: un partido revolucionario o uno «parlamentario»?

San José, nov (SocialismoHoy.com) – Este año se cumplen 100 años de la Revolución Rusa, que ha sido sin lugar a dudas la victoria más grande que han tenido los trabajadores en toda su historia. Ha sido el triunfo que logró que se avanzara más que nunca en la lucha de los trabajadores por su máxima reivindicación, acabar con el capitalismo y construir el socialismo, que consiste simplemente en que toda la riqueza que producen los trabajadores se utilice para sus necesidades y su bienestar, y no para enriquecer a unos cuantos.

En estas elecciones nos vemos los trabajadores padeciendo todos los problemas del capitalismo, bajos salarios, pobreza y desigualdad crecientes, desempleo y la violencia que generan todos estos males, lo que pone más vigente que nunca la necesidad de acabar con el capitalismo. Se presentan dos partidos que se reivindican representantes de los intereses de la clase trabajadora nosotros, el Partido de los Trabajadores y el Frente Amplio.

En las elecciones pasadas el Frente Amplio pasó de tener 1 a elegir 9 diputados para la asamblea legislativa. En el país pasó de haber un gobierno “tradicional” del PLN, a un gobierno “progresista” según las propias palabras del Frente Amplio. Muchos activistas honestos, incluso dentro de las filas del Frente Amplio se preguntan por qué no cambio nada con esto. Es el “mejor momento” que ha tenido el Frente Amplio (FA) y los trabajadores estamos más pobres, con peores salarios, con peores condiciones de vida, con más desempleo.

La respuesta que encuentran dentro del FA es que se necesitan más diputados, y gobernar. Sin embargo, la explicación real es que el Frente Amplio defiende el Estado actual. Defiende el orden actual de las cosas y el Estado capitalista. No hay forma de gobernar para los trabajadores y para el pueblo bajo el orden y el Estado capitalista, este es uno de los principios básicos de la izquierda socialista, con el cual el Frente Amplio rompió desde su nacimiento.

Esta premisa básica, que el Estado es la herramienta de dominación de los empresarios no es invención nuestra, incluso a nivel nacional fue, por mucho tiempo, la orientación de uno de los principales revolucionarios del país, Carlos Luis Fallas.

Carlos Luis Fallas: «El peligro de la Dictadura, las elecciones y la organización sindical»

«¿Quién respetaría los privilegios de la burguesía si no fuera obligado? ¿Y qué obliga al proletariado a respetar esos privilegios? Lo obliga la ley. ¿Y qué es la ley? Es un mandato de la burguesía que deben obedecer los trabajadores. ¿Y por qué lo obedecen los trabajadores? Porque detrás de la Ley se esconden los tribunales, las cárceles, la policía, las bayonetas, los rifles y las ametralladoras.

Los burgueses están bien organizados: tienen su congreso para que dicte leyes que les permitan apropiarse de la tierra, que les permitan enriquecerse con perjuicio ajeno; y tienen jueces, tienen rifles y tienen cárceles para respaldar esas leyes… tienen la escuela y otras instituciones similares para educar a los proletarios desde pequeñitos en el respeto y la sumisión a los burgueses; les enseñan sólo aquello que conviene a la burguesía, convirtiéndolos, no en hombres capaces de luchar por sus derechos, sino en mansos esclavos que se doblan bajo el látigo de los patrones.

Toda esa organización, esa máquina que sirve para hacer obedecer a los oprimidos y para reprimirlos cuando no obedecen, se llama ESTADO.

El Estado es, pues, en la actualidad, la máquina de represión de los Capitalistas contra los Trabajadores

Nota: Carlos Luis Fallas, Junto con el Partido Comunista abandonaría esta posición en 1939, para adherir a la política de conciliación de clases de la URSS.

Lenin: “El Estado y la Revolución”

Revolución rusa, octubre de 1917. Vladimir Ilyich Lenin Ulyanov. Póster comunista del que se desconoce la fecha.

«Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del «orden» que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores.

Que el Estado es el órgano de dominación de una determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda (con la clase contrapuesta a ella), es algo que esta democracia pequeñoburguesa no podrá jamás comprender, La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más patentes de que nuestros socialrevolucionarios y mencheviques no son en manera alguna socialistas (lo que nosotros, los bolcheviques, siempre hemos demostrado), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi socialista.»

El Frente Amplio defiende el Estado Capitalista

Estamos convencidos de que el FA no está por acabar con el Estado capitalista, sino más bien por gobernarlo, y justamente por esto, termina dedicándose a defenderlo. Queremos discutir dos ejemplos del accionar del FA que dejan esto claro.

La Reforma Procesal Laboral (RPL)

Es verdad que la RPL vino a agilizar los trámites de las demandas ante los juzgados, incluso a tutelar de una mejor manera por medio de los tribunales los despidos por persecución sindical.

Pero también es verdad que la RPL vino a imponer muchas más trabas y a limitar el derecho de los trabajadores a ejercer la huelga. No solo impone más requisitos, sino que restringe los momentos de la huelga y facilita que esta sea declarada ilegal.

El FA con la RPL le limitó aún más la principal herramienta de lucha que tienen los trabajadores, la huelga, y los manda a confiar en los tribunales. Es decir, sacar los conflictos de la lucha y organización de los trabajadores para mandarlos a confiar en los jueces, que como hemos visto están al servicio de los empresarios.

El caso del Cementazo

Más allá de que 3 diputados del FA hayan votado por Celso Gamboa, y uno de ellos todavía no se sepa cuál fue, y que todo esto pasara sin pena ni gloria, el accionar del FA con respecto al cementazo ha sido de defender al poder judicial. Patricia Mora, presidenta del FA, le decía a Celso Gamboa durante su comparecencia en la comisión investigadora:

«Me duele hasta el alma porque los costarricenses nos hemos preciado de que aquí funciona un Estado de Derecho, de que hay (…) independencia de los jueces y yo creo Don Celso (…) usted ha violentados todo eso y usted no ha cumplido con lo que este país requiere de los que formamos los tres poderes de la República.»

Como vemos lejos de denunciar que lo que hizo Celso Gamboa es el accionar común de los magistrados y jueces del poder judicial, la diputada del FA se rasga las vestiduras, al ver que alguien defrauda su preciado “Estado (capitalista) de Derecho”. Pero no solo eso, ella se ubica, al nivel de los demás magistrados y del presidente de la república como uno de los que forman los poderes de la república. El FA lejos de aprovechar a Celso Gamboa, para denunciar que así funciona el capitalismo, que eso es cosa de todos los días, se dedica a reprender a Gamboa, para defender el orden institucional.

 

El Frente Amplio no es un partido socialista, es un partido que busca migajas para los trabajadores en el marco del capitalismo, y para lograr esto termina defendiendo el mismo orden capitalista. Es por esto que la tarea que le da el FA a sus militantes y simpatizantes no es la de fomentar las luchas y las huelgas. No es la de organizarse en sus centros de trabajo, en los barrios, en las fábricas y fincas para luchar, sino simplemente de apoyar las iniciativas parlamentarias y cada cuatro años buscar votos.

El Partido de los Trabajadores es la única alternativa socialista que existe en estas elecciones. Por eso el centro de nuestra actividad no es cada cuatro años, sino todos los días, en la lucha por organizar sindicatos, por organizarnos en los barrios, las fincas y las fábricas para luchar todos los días por las reivindicaciones y necesidades de los trabajadores, como la única vía para alcanzar nuestra mayor reivindicación, el socialismo.

Es verdad, lo que le ofrecemos a nuestros militantes y simpatizantes es más difícil, más duro, más cansado. Pero también es cierto que es más reconfortante; y lleva la satisfacción de ser parte de la lucha consecuente contra el capitalismo y por construir una nueva sociedad que acabe con la miseria y la explotación.