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“Decisión Voluntaria”: otra mentira del proyecto de ley de jornadas 4×3

Uno de los argumentos usados por el gran empresariado y ciertas autoridades del gobierno a favor del texto sustitutivo del proyecto de ley de las jornadas laborales de 12hrs y las anualizadas, es el de que la aplicación de estas nuevas jornadas se dará solo bajo el acuerdo voluntario de la persona trabajadora, premisa completamente falsa.

El texto sustitutivo, en el art. 145bis, inciso 9, se establece que la jornada de 12 horas diarias no podrá ser aplicada sin consentimiento de la persona trabajadora y, una vez que esta ha aceptado, se dará un tiempo prudencial de 3 meses al final del cual la persona trabajadora podrá decidir si desea seguir en la jornada ordinaria (de 8hrs diarias por 5 días) o en la excepcional ampliada (12hrs diarias por 4 días). Pero, este mismo inciso, contiene una trampa que pone en desventaja a la persona trabajadora: si la patronal “demuestra” la imposibilidad de volver a la jornada ordinaria, podrá liquidar a quién se haya negado laborar en jornada ampliada.

Pero, incluso sin ir al proyecto de ley, la realidad misma de la clase trabajadora en el sector privado demuestra que la relación laboral-patronal es profundamente desigual. Son incontables los casos en que las personas trabajadoras deben aceptar por obligación imposiciones de la patronal, como trabajar horas extra sin voluntad propia (y sin pagar muchas veces), trabajar días libres, cambios de horarios no acordados, etc. Eso ha sucedido y sigue sucediendo en la mayoría de empresas privadas en el país, lo cual demuestra que, por más que haya leyes e instituciones que velen por el “equilibrio en la relación entre patronos y personas trabajadoras”, en la práctica estas últimas se encuentran en una gran desventaja frente a los primeros.

Y esa desventaja es producto de dos realidades que son propias de capitalismo: 1- del hecho de que el gran empresariado es la propietaria exclusiva de las industrias, los comercios, los servicios, los bancos, etc.; y 2- del gran desempleo que por años se ha vivido en Costa Rica, lo cual permite al empresariado despedir sin grandes consecuencias a quiénes no acepten los términos impuestos por ellos.

Esto ocurrirá también con las jornadas de 12hrs y las anualizadas: no importará cuál sea la voluntad de la persona trabajadora, si la parte empleadora lo desea, las jornadas serán extendidas, y quién no quiera aceptarlo, encontrará el desempleo al final de la salida.

Escuchar los argumentos a favor del texto sustitutivo del proyecto de ley que pretende flexibilizar las jornadas laborales en Costa Rica (para incluir las de 12 horas diarias y las anualizadas), haría sentir a cualquiera con sentido común y experiencia práctica como la Alicia de Galeano “renaciendo en nuestros días”: como en un mundo al revés, donde lo malo para la persona trabajadora es, en boca de empresarios y de políticos a su servicio, la “pomada canaria” a sus problemas.