Esteban Beltrán Ulate
Presidente Provincial de Heredia del Partido de la Clase Trabajadora
Ser oposición no basta: Es necesario un programa vivo
Ser oposición no es suficiente en la escena costarricense, ya que las olas de la explotación se agitan con más vigor en nuestros tiempos. La realidad geopolítica de Costa Rica nos posiciona en un rezago, con una fuerte dependencia de las acciones de las políticas de países que disputan la hegemonía económica, pero aún más de las grandes corporaciones digitales que administran la dinámica global de comunicación y comercio. La latente pregunta ¿qué hacer?, no pierde su actualidad, pero también debe ser acompañada de la pregunta ¿cuál es la posición desde la que actúo?, y ¿con quién actuar?
La Segunda República ha muerto. Las instituciones públicas agonizan. Por otro lado, gozan de buena salud las políticas neoliberales aderezadas con la salsa de nuevas formas de violencia estructural. No habitamos en el fascismo, sino más bien en la Eristocracia: arte de gobernar sobre la discordia sembrada en el pueblo. Habitamos una crisis civilizatoria donde lo económico, ecológico y emocional está siendo bombardeado con discursos: capitalistas, colonialistas y patriarcales. El cuerpo de la comunidad esta siendo crucificado, y del costado brota agua y sangre de las personas oprimidas, excluidas e invisibilizadas.
En Costa Rica estamos embriagados con el mito de ser sello verde, de ser pueblo de paz por no tener ejército, nos embelesamos con una democracia; pero debajo de la cobija la situación es fría. Vivimos de espaldas a los océanos, entregamos las franjas de playa a empresas extranjeras, por el descuido de políticas de cuidado ha crecido la violencia como cizaña producto de las redes de narcotráfico (que incluso se han infiltrado en funcionarios públicos de alto nivel), y la democracia que vivimos no tiene la cancha llana para que la clase trabajadora cuente con condiciones dignas para exponer sus ideas, existen partidos políticos subrogados (partidos-taxi) para política del espectáculo: influencer que quieren ser políticos y políticos que quieren ser influencer.
En esta escena ser de oposición no puede ser el fin, y en esto radica la debilidad de algunos grupos de izquierda y progresistas. No basta con una estética de la denuncia, no es suficiente con llenar las redes sociales de crítica con un lenguaje de izquierda ortodoxo o de izquierda Coquette. Por lo tanto, la tarea debe ser profunda, planificada pero no rígida, actualidad sin olvidar la tradición y ante todo la autocrítica, esto será el antídoto a lo que la historia reciente nos ha demostrado, con el vicio de la izquierda crítica (reformista) que poco a poco se acomoda a las condiciones y reglas del esquema capitalista hegemónico que a su vez se va adaptando a los tiempos para seguir dominando y explotando.
Es necesario mirar hacia una fuente viva de decisión política, que nos permita abandonar el naufragio de la incertidumbre; así como también los gestos de la izquierda enquistada que intenta expiar culpas con pequeños actos reformistas, pero que no se atreve a dirigir sus manos a la tierra para arrancar de raíz los problemas estructurales. No se trata de una vuelta al pasado, nostalgia de dogmas o caudillos, sino más bien, una dialéctica viva capaz de impulsar un programa de transición de la crisis a la primera fase de una nueva época política para Costa Rica.
Trotskismo encarnado: La emancipación será desde nos-otros o no será
El Trostkismo es una corriente viva heredera del marxismo, como tal, revela una proceso evolutivo, de tal manera que se puede leer en la historia, diferentes etapas mismas que denominare generaciones: Una primera generación marcada por el mismo Trotsky bajo la bandera de la revolución permanente y en pugna con el estalinismo (1920-1940), una segunda generación caracterizada por el trabajo en la clandestinidad en pequeños núcleos luchando contra regímenes autoritarios y la constante desmovilización de los obreros (1940-1960), una tercera generación que emerge con el auge de los cambios culturales derivados de la revolución cubana, el mayo francés, así como diferentes movimientos latinoamericanos donde el anticolonialismo, el feminismo y el ecologismo se entrecruzan, así como el final de la guerra fría (1960-2000). Luego de la caída del muro de Berlín, la consolidación del esquema económico neoliberal, la fragmentación del trotskismo se convirtió en una etapa de recomposición y reorganización que permitió luego de que reventara la burbuja inmobiliaria en el 2008, un reposicionamiento del discurso trotskista en América Latina.
Es a inicios del siglo XXI, cuando podemos caracterizar la cuarta generación del trotskismo, una etapa en la que la defensa de la clase trabajadora industrial obrera reconoce la compleja mutación del capitalismo en un sistema globalizado heterogéneo, con estructuras tecnofeudales, el algoritmo como nuevo opio del pueblo, y nuevas formas de explotación de lo humano, de lo viviente, de lo sintiente.
La lucha por el sujeto histórico eje central de la emancipación de la clase, es visto ahora con mayor amplitud, puesto que, la liberación del sujeto histórico oprimido es la llave de la liberación del opresor, y del entorno ecológico en el que ambos están inmersos, a su vez el sujeto histórico encarnado esta representado por una diversidad de rostros heridos, de modo que es urgente nombrarles: pueblos originarios, feminismos, LGBTQAI+, población con discapacidad, migrantes, juventudes precarizadas e invisibilizadas, grupos racializados, campesinos sin tierra ni semilla propia. El sujeto histórico clave de la emancipación en esta cuarta generación es un sujeto encarnado, es un “nos-otros”, es un sujeto plural, que comparte dolor y esperanza, por lo que “la emancipación será desde nos-otros o nunca será”.
La cuarta generación del trotskismo, hoy en día, deja de lado como única estrategia el entrismo, la construcción exclusiva de sindicatos o la consigna clásica de consolidar partidos obreros, y digo que lo deja de lados como única vía, porque la realidad actual se encuentra definida por la incertidumbre, la fragmentación, el desplazamiento, la herida ecológica, la violencia simbólica emocional, la explotación digital, la manipulación algorítmica.
Trotskismo de cuarta generación: base para la 3era República y la unión de Centro América
Hoy, más que nunca el trotskismo -para ser fiel a su tiempo-, debe expandir y resignificar su mirada de sujeto-histórico. La revolución es permanente y cotidiana, y debe ser desde una democracia encarnada y una solidaridad situada para una vida modesta pero digna. Siendo el corazón mismo la praxis desde-con-para-la clase obrera, ser carne y sangre, sudor y bocanada de aire, con ellas, ellos y elles. El “nos-otros” tiene una diversidad de rostros, pero desde el concierto de miradas que se reconocen a sí mismas como sujetos históricos convocados a la revolución cotidiana, la clase obrera debe elevar su voz. Han sido invisibilizados como sujeto en la época del capitalismo y su fase neoliberal. La voz obrera debe reconocerse como el palpitar primario de la estructura social, el latido que marca el paso de la sociedad que estamos llamados a construir, una sociedad donde todos, todas y todes cuenten con lo necesario para vivir modestamente bien -con alimentos, techo, salud y educación asegurados-, con una protección de los bienes comunes, con una planificación a corto-mediano-largo plazo en las políticas públicas, con el control total de los aparatos de producción y una regulación del mercado a nivel interno que lleve al mercado a estar al servicio del ser humano y no a la inversa.
En el caso costarricense, el troskismo está convocado -desde esta perspectiva de cuarta generación- a hundir las manos en la tierra y arar los surcos donde la semilla del trabajo colectivo nos libere del sueño del futuro etéreo, y nos impulse desde una desobediencia fértil a trabajar en común desde un poder cuidador que haga brotar esta nueva sociedad, la Tercera República Costarricense, que será socialista o no será.
Esta nueva etapa en la historia de Costa Rica ha de ser también la semilla de una serie de cambios estructurales que nos permitan como sociedad responder a las necesidades globales. Es momento de dejar de mirar a Costa Rica dando las espaldas a la región; no hay que temer hacer realidad el sueño de una Centro América Unida (Estados Unidos Socialistas de Centro América), capaz de responder -desde el sujeto histórico clave de la emancipación, desde el “nos-otros”, con la y el obrero en las entrañas-, a la deuda histórica de fragmentación y división que nos heredó el colonialismo.
Las transformaciones estructurales demandan acciones valientes, y la historia de libertad la hacen los pueblos que dejan de lado las cadenas que les atan a los mitos del pasado. La Historia la hacemos entre todos, todas y todes, desde el “nos-otros”, con el palpitar de la y el obrero. Será un proceso histórico, popular y pedagógico, tejido desde la ética de la ternura radical, desde el conocimiento sentipensante, y el diálogo intercultural, por medio del cual, reorganizaremos nuestras casas, barrios y alamedas, sin temor a redefinir el mapa de la región, pero esta vez desde la emancipación, desde el palpitar obrero, desde una revolución desarmada, desde una desobediencia fértil.
El troskismo es la teoría viva para una Costa Rica socialista, con la mirada en el horizonte de la unión de Centro América y la emancipación de los pueblos; con las manos hundidas en la tierra y el corazón obrero empujando la nueva historia del “nos-otros”.