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Recuperar el derecho a huelga: ¿Por qué es una tarea tan importante?

Desde que entró en vigencia la llamada “Ley Anti huelgas” en enero de 2020, un sector importante de la clase trabajadora fue embargado por una sensación de derrota y desesperanza, ya que el gran empresariado por medio del gobierno y la asamblea legislativa había encestado un golpe muy duro a uno de los derechos más importantes.

Esa ley fue resultado de una ofensiva de la clase dominante, que respondió a un momento donde los grandes sindicatos del sector público habían sufrido la derrota del año 2018 cuando hicieron la huelga más larga en la historia del país en contra del Combo Fiscal, pero además cuando un sector incipiente de sindicatos empezó a surgir en la empresa privada.

En esta edición de Socialismo Hoy queremos colocar algunos elementos para reflexionar sobre los impactos de la aprobación de esa ley en nuestra realidad como clase trabajadora.

¿Siempre tuvimos derecho a huelga en Costa Rica?

Hay que tener cuidado con la idea que debemos manejar las y los trabajadores sobre las huelgas, es muy común que se confunda el derecho a huelga con el de protesta en general y son muy diferentes, ya que cuando se habla de huelga es del derecho que tenemos quienes laboramos para un patrón, ya sea público o privado, de parar nuestro trabajo durante la jornada laboral y en común acuerdo con nuestros compañeros y compañeras y así ejercer una medida de presión.

Las primeras huelgas de las que se tiene noticia en nuestro país son de 1874 con los obreros italianos que construían las vías del ferrocarril, y no fue hasta 1943 cuando se reguló la huelga en el Código de Trabajo, por lo que por casi 70 años la clase trabajadora organizó huelgas sin una ley que pusiera las reglas del juego con claridad, y soportando grandes ataques de los patronos y los gobiernos a sus procesos de lucha.  

Aun así, las huelgas que lograron más avances en nuestra historia como las que lograron impulsar la jornada de 8 horas, el salario mínimo, la creación del seguro social y el propio código de trabajo, se dieron ante una fuerte oposición del gobierno y las patronales.

Después del Código de Trabajo, el derecho a hacer huelga fue tan limitado, que de los centenares de huelgas que pasaron hasta nuestros días, tan solo 12 fueron declaradas legales, en los hechos nunca hemos tenido derecho a huelga en este país.

¿Qué significó la ley anti huelgas? ¿En qué cambiaron las cosas?

En los hechos la Ley 9808 o “Ley para brindar Seguridad Jurídica Sobre la Huelga y sus Procedimientos”, se creó para aumentar las limitaciones del ejercicio de las huelgas. 

Dentro de los cambios más importantes, está que se restringen los objetivos de las huelgas dejando solo para casos donde se haya realizado un proceso de conflicto colectivo previo, en casos de defensa y promoción de intereses económicos y sociales, y contra políticas públicas, pero solo por 48 horas y por una única vez.

Por su parte, establece el rebajo de los salarios de quienes participan en la huelga casi que de manera automática y solo se pagará el salario si la huelga es declarada legal por un juez y en casos muy específicos cuando es por culpa del patrono directamente, las huelgas contra políticas públicas, aunque sean declaradas legales no incluyen el pago de los salarios.

La Ley incluyó una lista muy grande de actividades laborales en las que no se puede realizar huelga que va desde los servicios de salud y vigilancia, y una gran cantidad de labores relacionadas con el transporte, carga y descarga, combustible y energía en general, entre otras.  Mientras tanto creo un proceso judicial de calificación de huelga rápido y corto, así en pocas horas los juzgados determinarían si las huelgas son legales o no.

Romper las camisas de fuerza:  la dictadura patronal en el sector privado y la burocracia sindical en el sector público

Es posible afirmar que en Costa Rica la clase trabajadora nunca sido respaldada por las leyes para realizar huelgas, y lo que se vio en los últimos años ha sido que la clase dominante por medio de sus títeres en el gobierno le ha puesto más trabas.

Lo cierto es que el golpe de la “Ley anti huelgas” ha hecho retroceder al conjunto de la clase trabajadora en comprender que es por medio de la acción colectiva, y las medidas de presión que se pueden lograr mejoras en las condiciones de vida y defender los poco derechos que tenemos.

Esa realidad también es producto al enorme grado de desorganización en la mayoría de la clase trabajadora que labora en el sector privado y que sufre de la existencia de una dictadura patronal combate e impide el desarrollo de sindicatos.

Mientras que la minoría del sector privado que, si está organizada en sindicatos, los tiene dominados por una burocracia cristalizada cada vez renuncia de manera más descarada a la movilización y huelga como método para defender los intereses de los gremios. 

Esas dos condiciones deben ser revertidas si queremos recuperar el enorme poder de acción colectiva que tiene nuestra clase.

¿Cuál debe ser el camino a seguir?  

Hay una realidad y es que sin huelgas no podremos mejorar nuestras condiciones en las empresas y en la sociedad en general, solo con ola de huelgas podremos tener salarios dignos, luchar por reducir la jornada laboral a 40 horas, exigir presupuesto para viviendas dignas, o enfrentar ataques como la legalización de las jornadas de 12 horas o los paquetes de impuestos. Nuestra lucha debe ser por recuperar la huelga como parte de la esencia de nuestra clase. 

Después de la aprobación de la Ley Anti huelgas, se debe rescatar el papel de miles de trabajadoras y trabajadores de la CCSS y la educación, quienes han enfrentado al gobierno en defensade sus condiciones de trabajo, sin importarles las amenazadas que vienen de la patronal. De igual forma el ejemplo de los policías quienes fuera de horario y en las noches vencieron el ataque del gobierno a sus jornadas y días de descanso.

Hay que seguir también el ejemplo vivo de los grupos obreros en empresas como Dos Pinos o Naviera Tambor, que luchan contra todo pronóstico por organizar sus sindicatos y enfrentar la dictadura patronal.