Nacionales Sindical

Ante la crisis fiscal, suspensión inmediata del pago de la deuda

El problema de la deuda está carcomiendo las finanzas públicas y el único que se perjudica con esto es el pueblo pobre. Resulta que el presupuesto de 2019 tiene un aumento de 17,5% en comparación con el año pasado, lo cual puede pensarse que es positivo, pero no lo es.

Ese incremento de 17,5% se hizo únicamente para seguir pagando puntualmente la deuda con los grandes banqueros y organismos financieros internacionales.

Para el próximo año, más del 50% del presupuesto nacional se financiará con deuda, en comparación con el 2018 que alcanzó el 40%.

A esto hay que sumarle que el gobierno antipopular de Carlos Alvarado tuvo que endeudarse aún más para tapar un hueco de 600 mil millones que dejó Luis Guillermo Solís.

Esta coyuntura se da en el marco de la discusión sobre el déficit fiscal, que en la actualidad llega al 6,5% del PIB del país.

Los trabajadores escuchamos todos los días a los políticos lamentándose por la difícil situación económica del país. Nos dicen que el país no tiene plata, que por culpa del déficit fiscal tenemos que “socarnos la faja”, es decir, aguantar un paquete de impuestos y además recortes a la salud, educación y vivienda pública, mientras los grandes empresarios siguen enriqueciéndose.

Para nosotros la culpa del déficit no la tenemos los trabajadores como siempre nos hacen creer. En lugar de invertir dinero en mejorar la calidad de la salud y la educación, para tener pensiones u obra pública que resuelvan las necesidades de la población, prefieren gastar nuestro dinero en el pago de la deuda.

¿Qué es y de dónde viene la deuda pública?

Se entiende por deuda pública al conjunto de deudas que mantiene un Estado frente a organismos o instituciones tanto dentro como fuera del país. Se divide en dos: deuda interna y deuda externa.

Esta nace cuando los gobiernos del PLN y PUSC pidieron prestado a organismos financieros internacionales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, entre otras instituciones del imperialismo gringo. Esos gobiernos nos endulzaron el oído diciendo que los préstamos eran necesarios impulsar el desarrollo del país. Lo que no dijeron es que por esos préstamos el país iba a quedar endeudado, ni que seríamos los trabajadores los que al final pagaríamos esa deuda.

Gracias a esa política imperialista tenemos este hueco enorme en el presupuesto. En lugar de cobrarle a los ricos, el gobierno quiere imponer un plan fiscal, además de recortar la salud, educación y programas sociales e incluso subir las tasas de interés de los préstamos bancarios.

Cúpulas sindicales sin respuesta al problema de la deuda

En este momento los sindicatos del sector público están librando una lucha contra el déficit fiscal, y como propuesta alternativa plantean el cobro de impuestos a las zonas francas, ataque a las pensiones de lujo, entre otras medidas.

Sin embargo, no colocan el problema de la deuda como un elemento central. Creemos que esto se da por dos razones: la gran dispersión que existe donde aún no existe una unidad en la lucha y cada quien se preocupa por defender sus intereses; en segunda instancia, están más preocupados en atender las mesas del diálogo con el gobierno que construir la unidad para luchar.

Para nosotros son muy importantes las luchas por defender el salario o contra los despidos y recortes en el sector público, sin embargo, creemos que esta lucha debe ir más allá y conectarse con el rechazo al pago de la deuda, mecanismo típico del imperialismo para aumentar la dependencia de nuestros países.
No pago de la deuda, auditoría interna para saber cuánto robaron los corruptos

Como partido de los trabajadores creemos que si no atacamos el problema de la deuda no habrá solución al déficit fiscal. Si el gobierno quiere plan fiscal, que paguen los banqueros y el gran capital, no la clase trabajadora.

En ese sentido planteamos la suspensión inmediata de la deuda. Basta del saqueo a nuestros recursos naturales, a la corrupción que implica el no pago de impuestos, a la privatización de instituciones públicas. Es hora de poner un alto y recuperar el país en favor de los intereses del pueblo.

Además de la suspensión de pagos a los especuladores, proponemos la realización de una auditoría fiscalizada por el pueblo, que determine qué parte la deuda ha sido necesaria y que parte fue contraída para suplir el hueco presupuestario de las evasiones y los privilegios de las zonas francas.